¿Cuánto cuesta la bondad?
La respuesta es muy sencilla: ser amable no cuesta absolutamente nada en términos económicos. La amabilidad solo requiere un pequeño cambio en nuestra actitud, pero puede tener un impacto que va mucho más allá de nuestros pequeños círculos. En el sector de los viajes clínicos, la “empatía” no figura en el papel como uno de los requisitos profesionales, pero sin duda es necesaria para hacer bien nuestro trabajo.
Pensé en esto recientemente mientras estaba en el supermercado. Observé a tres personas pasar junto a otra compradora que estaba utilizando un carrito de la compra motorizado. Ella intentaba alcanzar una caja de pasta en uno de los estantes superiores, pero ninguno de los compradores que pasaban por allí se ofreció a ayudarla. Me pregunté si, como sociedad, nos hemos vuelto tan egoístas que somos incapaces de ver u ofrecer ayuda cuando otra persona necesita un pequeño favor. Mi corazón quiere decir “no”, pero no estoy tan seguro.
Mientras ayudaba a la mujer a alcanzar la caja de pasta, me explicó que le gusta usar pasta de una forma determinada porque es para una receta que les encanta a sus nietos. Todo este proceso me llevó cinco segundos y la mujer me lo agradeció enormemente. Es importante recordar que todos podemos permitirnos ser amables. La amabilidad no tiene por qué traducirse en un cheque cuantioso a nombre de una organización benéfica o en horas de voluntariado. A veces, la amabilidad solo lleva cinco segundos, y eso es algo que todos podemos ofrecer.
